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Cultura Profética

Libertad es poseer distintas alternativas para actuar del modo que se prefiera, en el momento que se desee. Por ello la banda puertorriqueña Cultura Profética se situa como una de las más libertarias e independientes al mismo tiempo que virtuosas de toda América Latina y el Caribe.

Esa elección de libertad ha tenido propósitos, claro está; no ha sido para caer en el anonimato. Hoy día Cultura Profética es aclamada en cada país al que lleva su energía y valor musical. Casi dieciseis años (16) han pasado desde que los muchachos rebeldes hacían de teloneros, ahora ellos revientan escenarios alrededor de la orbe. Son una banda de culto independiente cuya disquera propia La Mafafa Inc., comparte nominaciones y compite con  disqueras de gran envergadura comercial que auspicia artistas como: Juan Luis Guerra, Juanes, Shakira, Camila…

Cultura Profética es algo más que un banda de reggae rústico en español, es un ingenioso proyecto con una trayectoria sólida que consagra 16 años y 7 discos. Sobrepasan el millón de fans en las redes sociales y mantienen un promedio de más de 20 mil visitas diarias. Cada actualización en sus fan pages generan miles de comentarios en tan solo minutos.  Los visitantes en Youtube sobrepasan la cifra de millones..

En Puerto Rico han obtenido disco de oro y han cautivado a todas las radioemisoras, incluyendo las de balada, que han revolucionado sus formatos radiales para que su música suene, porque la fanaticada lo ha exigido.

A la hora de catalogarlos se dice que hacen reggae en español, otros dicen que pop o fusión; lo cierto es que esto calmaría las ansias de aquellos que interesen las clasificaciones musciales. Sin embargo, cuando se habla en términos artísticos -tomando Arte como el binomio inseparable de talento y preciosismo- las fronteras de géneros entorpecen. Porque no están atados a una sola estética ni taxonomías. Si bien la vasija musical es reggae roots, son naturales los toques armónicos de funk, jazz, hip hop, electrónica, ska, la trova, la música de raíz africana y caribeña que les ha generado un sonido muy propio.

El génesis  de Cultura  – a secas, como prefieren llamarle muchos de sus fans–  se remonta a enero del 1996 cuando Boris Bilbraut (batería y voz), amigo de la hermana de Eliut González (guitarra), se cruzaron y Eliut a su vez llamó a Willy Torres (voz principal y bajo), quien (paulatinamente y luego de que la banda tuviera otros integrantes) contactó a Omar Silva (guitarra, bajo, arreglos de metales).   Casi diez años después, Juan Carlos Sulsona (teclados) se sumó al núcleo de la banda. El sol caribeño escenificaba la vibra playera de aquel verano de ‘96 en que el corillo de la Cultura comenzó a tocar en espectáculos universitarios. Gente bronceadita, dreadlocks, camisetas tie dye, bikinis minúsculos, cervecitas, ganja, sonrisas y abrazos fáciles, con esto y poquito más iba tirando Cultura Profética.

La mística maravillosa de Cultura Profética se hizo patente cuando grabaron su primer álbum Canción de Alerta (1998) en los estudios jamaiquinos de Tuff Gong -fundado por Bob Marley en 1965-.  El suceso sacudió a aquellos que los tenían en la mirilla, pero a los fanáticos les parecíó la cosa más normal y consecuente del mundo; los consideraban parte del gran linaje del reggae, entonces ¿por qué no grabar allí?

Artistas únicos en su clase. Músicos de características muy prodigiosas y muy diferentes entre sí, aunque homogenizados por el mismo sentido y responsabilidad con el arte musical, además de poseedores de una valiosa y genuina amistad. Son admirados por otros músicos, ingenieros de sonido y gente de la industria musical que reconocen el virtuosismo de sus melodías y el compromiso con la libertad creativa de cada uno de sus miembros.

La música de los años 70 es el marco referencial de la agrupación. Van hilando fino desde una de las décadas más contestatarias del siglo pasado. Repasan influencias conceptuales de Bob Marley, Steel Pulse, Jimmy Hendrix, The Doors, Herbie Hancock, la Nueva Trova de Silvio Rodríguez, el modo de cantar de los salseros puertorriqueños, el tumbao y la cadencia africana.

Su lirismo alude a las “manifestaciones del alma” – como suele decirse que son los temas de lo psicodélico –.  Pero sobre todo gustan por evocar las vivencias propias, las alteraciones de los estados, las experiencias de lo identitatario, la libertad del Ser y el cuestionamiento profundo a las normativas convencionales, entre otros temas.

El premio es la individualidad

La industria musical es un monstruo grande y pisa fuerte, eso lo sabe Cultura Profética después haber padecido decepciones y engaños por parte de casas disqueras y manejadores. Más tarde la vida, irónica como suele ser, se ha encargado de que compartan las nominaciones con disqueras aparatosas. Hoy día esa resistencia a la hegemonía es fluida. Se mezclan con los modelos establecidos si quieren, sino quiren no lo hacen. Dicen de sí que van medios cola’os al equipararse con grandes empresas musicales, porque no es lo que buscan pero es donde han llegado. Reconocen que su reorganización empresarial con La Mafafa Inc. es reciente, a contracorreinte y al mismo tiempo es un estímulo para artistas independientes.

Están en su mejor momento. Conmemoran 15 años en el auge de su exitosa trayectoria con 7 discos inéditos, sobre 20 conciertos completamente vendidos en Puerto Rico y un sin número de eventos masivos por el Caribe y Latinoamérica, incluyendo el prestigioso estadio argentino Luna Park.

Las consecuencias de decir no a propuestas – que como filosofía de la banda están al margen de lo ético y aceptable – les ha hecho el trayecto más lento. No hay prisa pues esa autosuficiencia ha sido gratificante. Cultura Profética es una banda de culto, algo soñado pero inaccesible para la mayoría de las bandas contemporáneas, sobre todo de lengua hispana. No van con dobles discursos, son consecuentes y no mienten a su fanaticada. Por eso tampoco es extraño que el tema La Complicidad estuviese por 20 semanas en las listas de Billboards y que La Dulzura figurara número 1 en las listas de Latino Tropical de iTunes.

Son una banda de conciencia que condenan las políticas públicas nocivas que atentan contra la ecología medioambiental y sociocultural. Se identifican con las luchas estudiantiles a favor de la educación superior para todos los sectores de la sociedad.

Boris, Willy, Eliut, Omar y Juanqui son rutilantes. Basta con hacer una búsqueda rápida en la red, leer foros y páginas de fanáticos para darse cuenta de que las líricas políticas, el romance a todo tren, la plenitud y seriedad en aspectos sociológicos y ecoambientales son sellos distintivos que el público – muy  heterogéneo, por cierto – aprecia.

Por Dalila Rodríguez Saavedra
Periodista autónoma y escritora

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